Wednesday, February 3, 2016

Almíbar

Aquella noche vi, quizás por vez número veinte,
el horizonte acaramelado que forman sus ojos
cuando sonríe a cual palabrería que le he dicho
Sus pestañas toman la forma de ramas que abundan el árbol más frondoso cuando se hace invierno.
Pero no logran ser cortinas. Y no cierran.
Están por todos lados. Un reguero de anémonas donde me quiero pasear y no puedo. No debo.

Aquella noche hice eso que muchos hacen.
Aquella noche busqué, y encontré, en el borde de sus pupilas dilatadas.
Un color nuevo. Un color de otoño. Casi una mezcla del follaje que adorna las afueras de la ciudad. Miel. Caramelo. Tierra.
El color tostado del malvavisco al calor.
Y aún queriendo hacerlo no lo habría conseguido, 
pero vi mi reflejo en sus ojos. 
Vi mi menuda estatura acostada frente a él. 
Con eso me bastó.