Wednesday, March 11, 2015

ocho del tres

Bendito sea el sentido del tacto una de mañana de domingo.
De paso, el auditivo por aquello de dar crédito a unas cuantas aves caribeñas.
Mis greñas sienten la brisa de su respirar caminándome el trapecio.
Ahí sonrío.
Son segundos para guardar en un cofre.
A la mitad de uno de esos caigo en un limbo, 
entre el sueño y las luces que se cuelan entre las hojas de la ventana.
En lo que se me enreda el dorado en las pestañas del ojo derecho, sonrío de nuevo.
Se que está ahí.
Y se me encojen las piernas y pido cinco minutos más.
Pero me alarman los poros.
Y hay una piel ajena escalofriando la mía.
No hay tal cosa como cinco minutos más cuando ya la tela se alborota.

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