Monday, August 11, 2014

Un sábado de verano 2014

Cual si cada adoquín fuera 
una pulgada de tu espalda 
que camino lentamente
con la planta de mis pequeños pies.

Me trenzo el verano en el pelo para abrir paso a la brisa de tus labios en mi nuca.

En la piel me pasea el sol y sus destellos vespertinos de un sábado a la antigua.

Andiamo.
Que hay dos entes de amor mirándose las almas.

Entre murallas que guardan por siglos las más bonitas historias de amor. 
En cada ranura hay besos, hay caricias –de esas que se dan sin tocar-, hay olores, hay deseos –de esos que casi nadie tiene-, hay risas, hay felicidad genuina. 
De esa que se nutre del amor.

Andiamo. Pero lento. Respira. Mira. Siente. Los latidos como urgen. Víveme.

Verbos entre calles que emanan 
la poesía de tus ojos en mi pecho.

Verbos que sacan sonrisas 
con el viento fresco e inesperado 
de un verano caribeño.

Debe ser la sal. 
La tuya, la mía y la nuestra

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